Desde un arenal escondido
en un cerro que a ninguno
de verdad importa
pienso que digitar un poema
en horas como esta
se vuelve
camisa de fuerza.
Me abandono
al encuentro de mí
para esperar
con miedo
lo que sea
que le dé la mano
a la niña de ayer
que quería tener
el porte del mañana.
Llegamos al punto del hoy
en que ella y yo
no tenemos más
para soñar.
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