lunes, 16 de mayo de 2011

Pensamientos en prosa...

Escuchar canciones de esas que forman parte de un antiguo repertorio que no se actualizó porque la vida, los gustos se fueron adaptando a lo que se supone debía ser cronológicamente apropiado...El oído. El oído.
Dejé los lápices ordenados u olvidados por ahí con mi letra manuscrita, esa de los poemas, para en su reemplazo presionar teclitas, aprender el short lenguage de los tiempos que corren y del que no acusamos recibo hasta que nos golpeamos la nariz, nos rompemos los dientes, las alas o el alma. Ahí nos acordamos que soltamos la mano (la de nuestro propio yo) en algún momento porque llegar hasta aquí para comenzar de cero, el dinero, el amor adaptado a la rutina, la seguridad de un trabajo y las orejas gachas y la cara de nada para no despertar sospechas de que somos soñadores o buscadores, que nos ahoga la repetición autómata y la falta de empatía, que nos enamoramos de los lindos gestos a cada rato y nos fascina sentir ese escalofrío en la espalda cuando alguien nos comprende. Lo ocultamos, sí, porque, y nos da vergüenza reconocerlo, que en la más tierna infancia uno de esos que Cortázar llamó cronopios (esos ácaros que pueblan los libros viejos) se nos metió por la nariz y se alojó en nuestro adentro...De ahí todo: sensibilidad, sueños predictivos, amor a la causalidad vestida de casualidad, santo acostumbrado a la decepción y, sin embargo, seguimos amando todo esto...

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