martes, 17 de mayo de 2011

Y aunque mi voluntad luche, sabe que tiene - por lógica - perdida la partida.


Estás en mí
diamante a punto de causarme estragos
porque tu brillo perpendicular
evoca
ese verde intenso aroma tierra
pasto húmedo
en el que el oído imaginario
de mi Alfonsina
se vuelve niña que brinca
porque ya no da más.

No le alcanza el porte
para incinerar sus papelitos:
huesos calcinados del cadaver exquisito
al que le rezaba versos la adolescente
mientras el incienso subía
y el espíritu viajaba
en las alas de un pajarillo
sin destino conocido.

A causa de mis ensayos
ya se hiela el rinconcito
donde nacen mis palabras.

Casi casi
pierdo a la eva que escribe.

Ahora
quiero tus manos tibias,
hombre que dibuja mi palabra;
caricias justas
sin esperar nada:
delinear el instante sin memoria.

Tal vez el amor sea la trampa
y me ocupó de caliz
como la literatura a la vida
-más bien al revés-
para crear el epigrama sonoro que ríe
juega y corre
en los pasillos de mi casa.



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